jueves, 26 de marzo de 2015

Nostalgia de Odiseo de Nuria Barrios

Todos conocemos la historia del gran Odiseo, ese héroe legendario que pasó diez años luchando en la guerra de Troya y, otros diez, intentando volver a casa, enfrentándose a enemigos mitológicos. Penélope le esperó paciente y se convirtió en el símbolo de la fidelidad matrimonial. Sabemos que engañó a los pretendientes haciéndoles creer que cuando acabara de tejer el sudario en el que estaba enfrascada, elegiría a uno de ellos. Pero más allá de eso, ¿qué sentía? ¿qué sufría? ¿qué le hizo permanecer fiel durante veinte años a un hombre del que no sabía si regresaría?
En Nostalgia de Odiseo, Nuria Barrios se dedica, mediante un conjunto de poemas, a revelarnos los deseos más íntimos de esta joven que envejeció tejiendo, puntada a puntada. En este libro Penélope es la protagonista y tenemos acceso a la cara B de esta historia universal. 
Poemas preciosos, poemas precisos.

NADIE (TEXTUS 10)

yo
que he sido Penélope
soy
nadie
todas
enhebradas
nosotras




miércoles, 25 de marzo de 2015

'Te espero dentro' de Pedro Zarraluki


Con ‘Te espero dentro’, Pedro Zarraluki nos regala 11 ventanas hacia la vida de los otros. Escoge la perspectiva perfecta, el momento adecuado y con una naturalidad pasmosa nos muestra desde lo más común, hasta lo más desconcertante. La narrativa llega a envolvernos el corazón para agarrarlo con firmeza y recordarnos que estamos vivos, que la vida de nuestros vecinos, de nuestros amigos, de nuestros familiares, de nosotros mismos es así muchas veces, demasiado real para comprenderla.
Relaciones complejas, reacciones inesperadas, miedos, preocupaciones, deseos, desidia ante la existencia, recuerdos dolorosos, recuerdos dulces, el despertar sexual, la culpabilidad sexual, ira contenida, ira liberada…
Cada relato es un mundo que, sin darnos cuenta, nos atrapa. No hay lugar para la indiferencia. Antes de pasar al cuento siguiente la mente se para en ese limbo en el que las reflexiones de uno y los personajes se mezclan, cobran vida y conviven para llenar un poco más nuestro corazón y nuestra mente.
Indispensable.

Boyhood (Momentos de una vida) (2014)


'Boyhood' ha sido aplaudida por la crítica y por cierto sector del público (aquel que aprecia "el buen cine") desde el primer momento, lo cual no pone las cosas fáciles cuando uno se dispone a disfrutar de 165 minutos de cine. Las expectativas, desbordantes, me hacían temer lo peor: que el recurso utilizado (mismos actores durante 12 años para concentrar 'momentos de una vida' en un drama de más de dos horas) no estuviera a la altura de la trama o que la eclipsara por completo.
Creo que, con respecto a esta película, las opiniones pueden ser muy dispares. Para algunos es demasiado larga, otros creen que falta acción o que no hay un final lo suficientemente concluso... Lo cierto es que a mí me enamoró; es lo más real que he visto en años. La trama está bien definida pero es su combinación con detalles ordinarios lo que hace grande esta película.
La casualidad ha querido que mi hermano pequeño y el protagonista tengan la misma edad (probablemente la hermana del protagonista sea algo más pequeña que yo) y todos los recuerdos ficticios que aparecen en ‘Boyhood’ me han devuelto a momentos que ni siquiera tenía presentes en mi memoria. Creo que esto me convierte en una afortunada porque hay recuerdos ficticios, los más cotidianos, que únicamente los de mi generación (o la de mi hermano) podemos llegar a apreciar.
La película se ha etiquetado como ‘drama’ pero a mí no me lo ha parecido. Es simplemente lo más cercano a lo que significa vivir que he visto en pantalla; reír, sufrir, intentar encontrar un camino en la vida o un fin, equivocarse, descifrar la propia identidad… Puede que el momento clave para algunos sea el final pero para mí, lo que me llegó a conmover realmente, fue el momento previo en el que la madre resume en segundos lo que esperaba de su vida, lo que ha sido su vida.
Puede que no sea perfecta pero cumple el objetivo: retratar la vida; la que nos rodea y la que nos define.

'Niños en el tiempo' de Ricardo Menéndez Salmón


Decir que ‘Niños en el tiempo’ es una joya, sería una declaración demasiado insustancial. La cantidad de sentimientos y sensaciones que me sobrecogieron al leer esta novela fueron de tal intensidad que no puedo resumirla en un sustantivo, en un adjetivo.
‘Niños en el tiempo’ se divide en tres partes que se unen al final inesperadamente. En la primera, ‘La herida’, el dolor nos inunda aunque, sorprendentemente, nos obliga a seguir leyendo. Un matrimonio pierde a un hijo y Menéndez Salmón relata la agonía que supone intentar sobrevivir a ello, como padre y como esposo. Desgarrador.
“Es humano, demasiado humano, tener que seguir adelante cuando todo pronostica que la posteridad, el porvenir, el mañana, son lanzas clavadas en el costado de la cordura.”
‘La cicatriz’, segunda parte del libro, nos habla de la niñez de Jesucristo. El autor proporciona a ese símbolo, a esa figura omnipresente en la cultura occidental, unos primeros pasos maravillosamente humanos. Gracias a ello nos cuestionamos, junto con el narrador, asuntos que, pese a ser evidentes, habían pasado inadvertidos ante nuestros ojos por la fuerza de Jesús como símbolo.
“¿Perpetró la misma ruta que los demás niños, cumplió el viaje infinito al linaje de cuerpos del que los mortales proceden? Niños de niños de niños.”
Con ‘La piel’, que cierra ‘Niños en el tiempo’, nos encontramos con una mujer que decide huir a Creta por un tiempo al descubrir que está embarazada sin saber quién es el padre con certeza. Esa pequeña estancia y, sobre todo, su encuentro con un exiliado de la vida, cambiará su percepción de la existencia para siempre y dejará al lector con la boca abierto. Es quizás esta parte la que incluye los fragmentos más preciosos:
“Bastaba saber que las estrellas estaban allí, sobre sus cabezas, y que ningún hombre podría reclamarlas como suyas, ya que en realidad pertenecían a todos por igual.”
Merece mucho mucho mucho la pena.

Voices from Chernobyl de Svetlana Alexievich

En Voices from Chernobyl, la periodista ‪#‎SvetlanaAlexievich‬ recoge los testimonios de los supervivientes que se vieron afectados por el desastre ocurrido tras la explosión de un reactor de la central nuclear Vladimir Ilich Lenin (a 18km de la ciudad de Chernóbil): madres, esposas, militares, bomberos, hijas, profesores, parteras, aquellos que huyeron, aquellos que regresaron… todos ellos rodeados de una soledad y una tristeza abrumadoras.
Sobra decir que se trata de un libro en el que la realidad es demasiado cruda como para digerirla de una sentada; de hecho, no creo que se pueda digerir, se queda en la garganta creando un nudo que nos acompaña en toda la lectura. Sin filtros, los testimonios se van sucediendo y tu corazón se estremece contantemente. Dejan de ser perfiles desdibujados de un territorio lejano y se llenan de humanidad; cada testimonio pertenece a una persona, con nombre y apellidos, con una tragedia inconmensurable que empezó el día de la explosión pero que todavía perdura.
Gracias a ellos, las ideas preconcebidas sobre Chernóbil y sus gentes desaparecen y vemos a seres humanos con grandes valores como la lealtad, el amor incondicional hacia los familiares, hacia los vecinos, hacia la tierra. Antes del desastre formaban una comunidad sólida y casi idílica donde unos cuidaban de otros. Ahora, ser de Chernóbil es sinónimo de ser una atracción de circo o un ente monstruoso del que huir.
No quiero resumir sus historias porque tampoco lo quiso la autora. Ser testigo, nada más. Por eso, aquí recojo directamente algunos de los fragmentos que más me han impresionado.
“He started to change—every day I met a brand-new person. The burns started to come to the surface. […] My love. They couldn’t get a single pair of shoes to fit him. They buried him barefoot. [] No one wants to hear about death. About what scared them. But I was telling you about love. About my love…”
“I gave my cap to my little son. He really wanted it. And he wore it all the time. Two years later they gave him a diagnosis: a tumor in his brain… You can write the rest of this yourself. I don’t want to talk anymore.”
“My daughter was six years old. I’m putting her to bed, and she whispers in my ear: ‘Daddy, I want to live, I’m still little.’ […] I want to bear witness: my daughter died from Chernobyl. And they want us to forget about it.”
“She plays ‘hospital’. She gives her dolls shots, takes their temperature, puts them on IV. If a doll dies, she covers it with a white sheet.”

‪#El Principito‬ (1943) de Antoine de Saint-Exupéry


Este post, a diferencia de los otros, no pretende analizar el libro en cuestión. No creo que pueda decir nada nuevo sobre este clásico universal. Solamente quiero recordarlo para que algún perdido lo recuerde conmigo y lo vuelva a leer, o lo lea por primera vez si es que nunca lo ha hecho.
El Principito (1943)

El Principito debería llevarse en el bolso como se lleva una aspirina de emergencia. En cualquier momento el corazón puede necesitar de sentido común en un mundo que se cree serio y coherente. Ser adulto está sobrevalorado. De hecho no conozco a ningún humano feliz que sea enteramente adulto. Aquél que reniega de su inocencia está destinado a la amargura.
Dicho así parece algo sencillo pero al crecer las responsabilidades aumentan, las risas injustificadas disminuyen y pensar por uno mismo resulta realmente difícil cuando nos sentimos juzgados en todo momento. Aparentar, aparentar y aparentar. Una pregunta curiosa siempre está considerada ‘fuera de lugar’. ¿Qué quiere decir eso? ¿Fuera de qué lugar?
El caso es que El Principito puede servir de brújula para recuperar el norte que perdemos en nuestro día a día; entre horarios, oficinas, obligaciones, observaciones lógicas… No debería faltar en tu botiquín emocional (por muy cursi que suene). Unas gotas de ‘principito’ al mes, o incluso al año, nos pueden hacer mucho bien.
“Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.”
Uno se expone a llorar un poco, si se ha dejado domesticar…”

'Ha vuelto' (2013) de Timur Vermes


Adolf Hitler se despierta en el Berlín del siglo XXI sin saber qué ha ocurrido; eso sí, su personalidad y su memoria siguen intactas. Poco a poco va descubriendo que se encuentra en la Alemania de Angela Merkel, una Alemania en la que ha habido muchos cambios desde que él estaba en el poder. Lo cierto es que la novela pintaba muy bien, pero antes de empezarla, apareció una sombra que podría echar a perder todo el potencial de la novela: cabía la posibilidad de que la narración en primera persona del propio Adolf Hitler resultara una burda caricatura.
Para mi sorpresa, el personaje de este Adolf Hitler resucitado es intelectual y emocionalmente complejo. Pese a representar a la figura histórica, Timur Vermes realiza un gran esfuerzo por adentrarse en su lógica y en su carácter. Como decíamos, lo cierto es que al acceder directamente a los pensamientos, y a su consecuente conducta, el autor corría el riesgo de caer en un tópico continuo y repetitivo pero el experimento resulta un verdadero éxito. No cabe duda de que la obra de Adolf Hitler fue monstruosa pero Timur Vermes no se queda ahí e intenta escarbar en su psique.
Por una parte surgirán escenas comiquísimas fruto del simple choque entre la sociedad del siglo XXI y el Fürer del siglo XX; por otra, la comunidad no se mostrará impasible a la popularidad que ganará rápidamente al ser fichado por un programa de televisión. Unos se mostrarán encantados al entender que se trata de una crítica, otros se sentirán ofendidos por las heridas que remueve cada vez que aparece en los medios.
A modo de conclusión podríamos decir que se trata de un libro complejo que abarca tanto la risa como la reflexión, siempre desde una perspectiva inteligente mediante una narración bien elaborada.
“Había algo absolutamente insólito en todo aquello. Estaba en Berlín, desde luego, pero privado, eso era evidente, de todo el aparato del gobierno. Tenía que regresar con urgencia al búnker [...]“